lunes, 10 de octubre de 2011

Los ciclos estacionales y la comida


El hombre siempre estuvo relacionado con su medio ambiente aunque trate infortunadamente de desligarse de él ya que no lo cuida como debería ensuciando y contaminándolo todo accidentalmente o deliberadamente porque piensa que son bienes renovables. 



Aunque hoy día (año 2011) ya la comida no se encuentre relacionada con las estaciones o el medio ambiente porque se han creado formas de producción o distribución que burlan los ciclos estacionales aun y así el hombre se encuentra influenciado por ello, veamos un claro ejemplo: la luz y los ciclos estacionales regulan la acción del hipotálamo, un órgano que se encuentra en el cerebro humano ( junto con la hipófisis conforma la glándula pituitaria o tercer ojo). El comportamiento humano depende de la cantidad de luz que el cuerpo recibe por día, produciéndose durante el otoño e invierno un aumento de la depresión y falta de estímulo sexual y apetito, con un aumento progresivo del bienestar, apetito y la felicidad con mayor estimulo sexual durante la primavera y el verano, producto de las concentraciones de serotonina en el cerebro, y, a su vez este neurotransmisor se encuentra condicionado a la luz que recibe el organismo.

Veamos un poco sobre la etimología de las palabras y las estaciones:


Primavera:
En latín arcaico primavera era simplemente vera. Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César en el 45 a.C., el año empezaba en marzo y con el la primavera, la estación más importante pues suponía el inicio de una nueva vida en plantas y animales. Por ello, y para subrayar este aspecto, se llamó a este periodo primo vera, convertido en latin vulgar en primavera.

Con ese nombre se instaló en la práctica totalidad de las lengua neolatinas, excepto el francés que la llamó printemps, literalmente 'primer tiempo'.



Verano:
El antiguo nombre del verano era aestivum tempus, del que proviene el actual nombre de estío o tiempo estival. Posteriormente se creó también el compuesto veranum tempus para referirse al final de la primavera y comienzo del verano. Sin ir más lejos, en el español del siglo XVI, se mantuvo la denominación latina y se llamó primavera a la primera parte de la primavera, verano a la segunda parte de la primavera y primera del verano y estío al verano en sí.



Otoño:
Otoño proviene del latín autumnus, compuesto de auctus, 'crecido', de augere, 'aumentar', y annus, 'año'.



Invierno:
Invierno proviene del latín hibernum, del que también proceden otros términos como hibernación, hibernal, e hibierno. Aunque después de pasar por una transformación en ivierno en el latín vulgar.


El hombre y el medio ambiente estacional
El hombre primitivo se encontraba plenamente relacionado con su medio ambiente y en consecuencia con los ciclos estacionales ya que dependía primariamente de la recolección de frutos, semillas, raíces, hojas, insectos y carroña para su alimentación, con la evolución comenzó a convertirse también en cazador que lo llevó a trasladarse por diversos territorios consecuentemente formando tribus y luego asentandose, creando aldeas y poblaciones, de forma accidental o deliberada comienza a criar animales y sembrar la tierra; siempre dependiendo de los ciclos estacionales ya que la vida estaba netamente relacionada a ello siendo el invierno el tiempo en que consumía lo que se iba juntando y guardando al final del otoño y siempre con las esperanzas puestas en la primavera que les devolvería el alimento fresco y esa especie de inyección de vida.
Por eso la religión que nunca estuvo desligada de la forma de vida del hombre pone como primeras deidades a las Diosas Madres que traerán a la vida a los dioses de la naturaleza, con la perdida de la mujer (hembra) del acto central del control familiar y la toma del poder del hombre (macho) pasa la mujer a un segundo plano y el macho dominante a manejar la tribu y todo lo relacionado a ella, quedando la mujer como simple reproductora y guardiana de los fogones; las diosas madres son desplazadas por dioses masculinos y todo cambia... pero no tanto ya que ninguna religión pudo desterrar en su totalidad a las fuerzas de la vida que las diosas primitivas nos han legado.




Seguimos de alguna manera relacionados al medio ambiente y nos es netamente necesario para la supervivencia por ende es nuestro derecho y deber el cuidado del mismo: no contaminar más, no deforestar, cuidar en forma racional el uso del agua y sobre todas las cosas tomar conciencia de la VIDA respetándola y respetándonos en todo sentido.




Hoy me encontraba paseando por la plaza y como todas las mañanas me puse a recolectar botellas, algunas de plástico y otras de vidrio para depositarlas en los contenedores de residuos, la gente me miraba desconcertada, también juntaba las tapas de las botellas de plástico para llevarlas a una institución de bien público que se dedica a reciclar y con el dinero recaudado ayudar a niños que no tienen acceso a diferentes tratamientos médicos. Espero una mañana de tantas llegar a la plaza y ver que hay otros siguiendo el mismo ejemplo, tal vez con un tiempo más de buena educación y costumbres no volver a ver nunca más que las personas tiran residuos por doquier.



EDUCAR PARA UN FUTURO MEJOR ES LO MEJOR QUE PODEMOS HACER POR NOSOTROS MISMOS Y POR LOS DEMÁS.



Norberto E. Petryk
norbertopetryk@gmail.com


















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