sábado, 18 de agosto de 2012

Quinta “El Dorado” -Quilmes- (de “el arcón de los recuerdos”)

Hace unos cuantos años (muchos, yo era joven, jajaja) vinieron de visita a casa de mis padres en Quilmes Margarita Bibolini de Gonzalez Casabianca (paraguaya casada con el ex embajador y senador Toto Gonzalez Casabianca) y Virginia Gutierrez Carbó.
Las llevé a visitar la antigua zona de quintas en donde se encuentra el Museo del transporte Carlos Hillner Decoud y resultó que Margarita recuerda haber visto fotos de su madre en ese lugar en ocasión de su viaje de luna de miel, y es que el antiguo dueño de esas tierras y propiedades era hijo de una paraguaya y amiga de la familia Bibolini... Que de vueltas que pega la vida, la Beba Bibolini tenía fotos paseando en los antiguos carruajes y por esos jardines que hoy son parte del museo.


Ya al tanto de esto decidimos cruzar la calle y dirigirnos a la quinta que se encontraba en frente ya que en ella aun vivían los descendientes de Don Carlos y nos atiende su actual dueño Carlos Sanllorente que a más casualidades, o no tanto, resultó ser un primo de Margarita Bibolini; visitamos la antigua casona y su particular sala de billar (unos años después desmontada y llevada a una de las estancias de su dueño en la zona de Mar del Plata), luego recorrimos los jardines muy típicos del estilo inglés y nos encontramos con una zona de hierbas aromáticas procedentes de todo el mundo, aun recuerdo algunas en mi memoria gustativa y olfativa.

Con el tiempo esa quinta desapareció y en su lugar se levanta una muy conocida discoteca “El Bosque”. Aun perduran la escuela agro-técnica y el Museo del transporte. 
 

Cuando nací en Quilmes oeste había muchas chacras y quintas de fin de semana, algunas subsisten a pesar del tiempo y los años, otras fueron vendiendo sus terrenos y en muy pocos casos quedaron en pie sus cascos.

Una de las más emblemáticas y de la cual quedan sus construcciones a lo largo de los años es la quinta “El Dorado”, antigua propiedad de don Carlos Hillner Decoud, construcción que en 1870 se encontraba sobre una gran extensión de tierra, allí donde hoy es Av. La Plata y Laprida, se construyó una señorial residencia, que en el pueblo era la hoy conocida como “El Dorado”. La última calle del pueblo era la hoy Hipólito Yrigoyen, y la primera entre chacras Vicente López. Solo con diligencias y carretas se accedía a ella, aunque la llegada del tren (1872) acercó las distancias desde Buenos Aires.


La propiedad paso por varias manos hasta que fue adquirida por la familia Dorado, -de allí su nombre-, unos acaudalados comerciantes de origen boliviano que la utilizaban como residencia de verano; en 1927 fue comprada por don Carlos Hillner quien la bautizó chacra “El Dorado” en honor a sus dueños. Ese año don Carlos comenzó a construir las caballerizas y las cocheras -hoy actual museo- donde reunió una significativa colección de carruajes de tracción a sangre. Instaló un polígono de tiro, un invernáculo donde progresaban almácigos que adquiría de distintas partes del mundo, afición que compartía con Federico Otto Bemberg (antiguo dueño de la Maltería y Cervecería Quilmes).

La obra le llevó a don Carlos diez años. Había habitaciones de huéspedes, de recreación y dependencias para los peones. “
Tenía frente a las caballerizas, un potrerito circular de unos 80 m. de diámetro, cerrado con postes de madera dura, trabajados al torno, y rematados por relucientes esferas de bronce pulido, de unos 25 centímetros de ancho. En él pasaban su vida tranquilos y descansados sus caballitos ‘jubilados’”. Sus dos caballos preferido fueron “Jupy” y “Dandy” cuyos nombres se perpetúan en los boxes que habitaron.

Entre la caballeriza y la sala de monturas se encuentra el pórtico que conserva la fecha en que se construyeron las instalaciones y el nombre de su inspirador. Los altos relieves que muestran dos torsos de caballos, adornaron la entrada de un chateau francés ya demolido.

Al sur de las cuadras y boxes de roble macizo mandó levantar un suntuoso chalet en el mismo estilo con elementos de mayor confort que la vieja casona de los Dorado -fue la quinta que visitamos esa mañana con mis amigas y en la que estaba viviendo su sobrino y heredero, hoy ya no existe y en su lugar se levanta una discoteca llamada “El Bosque”-.

La estupenda edificación es una replica anglo-normanda que remeda rincones campestres de la Inglaterra victoriana y la Bretaña francesa. Muchos de los materiales de construcción fueron traídos de Europa. Él mismo los adquirió en demoliciones de grandes caballerizas que dejaban paso al inevitable progreso marcado por el automóvil.



En 1920 había comprado su primer carruaje y durante años incrementó su colección de caballos de raza y coches de tiro adquiridos de remates y colecciones particulares en Argentina, Uruguay y también en Europa.

La colección original que persiste la componen 17 carruajes construidos entre 1860 y 1900. Todos cuentan con todas sus piezas originales. Uno de los vehículos, “Tamdem”, fue construido en Francia, posee 4 asientos de pana y llantas de gomas. Es un coche deportivo único en el país y de los pocos que quedan en el mundo. Allí estaban los arneses y el carruaje que la Infanta Isabel utilizó durante su permanencia en Buenos Aires y que pertenecían a la cochera de la Presidencia de la Nación. El conjunto se completa con una exhibición de arneses y monturas adquiridos en Europa y en añejas estancias bonaerenses, sobre todo de las familias Ayerza, Anchorena y Cullen: Spider, Dog-Cart (transportaba debajo de los asientos los perros de caza), Tirbary, Duc de Dames, Breack de Dressague, Mail-Phaethon (para correo privado entre estancias) entre otros modelos que definieron una época del transporte.

En 1940 dona al Consejo Escolar de Quilmes una casona que se hallaba dentro de sus campos y que en alguna oportunidad había sido posta de carruajes. Allí se instala luego la Escuela Nº 3, fundada en 1883, que siempre estuvo ubicada en zona de chacras alejada del radio urbano. La condición fue que la escuela llevara su nombre “Don Carlos”. Frecuentemente la visitaba con una provisión de útiles y alimentos para el comedor escolar que estableció con enseres de cocina y vajilla para todos los alumnos. En algunas oportunidades enviaba sus tres automóviles Packard, color gris metalizado, para que trajeran a su chalet a las maestras a tomar el té.

También donó escuelas en el pueblo de Pilar y en el Paraguay.

En 1950, Carlos Hillner Decoud cede 90.000 metros cuadrados a la Provincia de Buenos Aires con el fin de instalar una colonia de vacaciones para niños y crear una escuela agraria. -allí se encontraba el casco original del Dorado que aun se mantiene en pie-.

El ingeniero Ricardo González, gran amigo suyo, explicó en un artículo para el diario El Sol del 31 de julio de 1961, por qué ese predio no perteneció desde un principio a la Municipalidad como era deseo de don Carlos; “para que sirviera a los escolares como amable lugar de veraneo y vacaciones…” Dice González que en 1950, en persona, don Carlos pidió audiencia con el Intendente de ese momento que le dió una cita a las 8:30 hs., pasó el tiempo, se hicieron las 10:30 y no fue atendido a pesar de recordar al secretario del funcionario su audiencia previamente establecida. De modo que Hillner se retiró ofuscado sin lograr su cometido y Quilmes perdió en esa oportunidad la generosa oferta. Así fue que luego, don Carlos se dirigió al gobierno provincial y concretó el donativo de los 90.000 m2 de los cuales la mitad fue para la Dirección General de Escuelas. Se reservó el usufructo del lugar hasta su muerte. Su sobrino nieto y heredero universal de los bienes, Carlos Sanllorente, ejecutó el legado. El primer director del museo fue Leovigildo Urribarri Incahasuti.

En 1953, también legó su casa de la Capital Federal ubicada en la calle Tucumán 1833, para sede de la representación diplomática paraguaya en Buenos Aires.



Carlos Hillner y Decoud falleció soltero, el 21 de junio de 1961, sus restos yacen, a su pedido, en el cementerio de Ezpeleta en un sarcófago labrado en granito que mandó realizar en vida y que se colocó debajo de dos frondosos ombúes en una parcela que también había adquirió varios años antes de su muerte. 
 

Afortunadamente en 1978, el museo pasó a manos de la Municipalidad de Quilmes como había deseado en un primer momento su creador. Este junto con la escuela agraria rodeada de la frondosa arboleda y el Jardín 919 están comprendidos en una propiedad circunscrita por las calles Laprida, Avda. La Plata, O Andrade y Joaquín V. González.

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