martes, 23 de abril de 2013

Historia, mitología, arte (investigación sobre afrodisíacos)

HAS RECORRIDO UN LARGO CAMINO MUCHACHA….
 
Después de recorrido un pedacito de ese largo camino, aquel que comenzamos cuando dimos el primer paso hace 3.000.000 de años, sólo quiero pedir disculpas, ya que la lista de nombres de diosas, dioses, y mitos de la humanidad no está completa: “la vida es corta, y el arte es largo”; pero esa muestra bien tiene valor para comprender la versatilidad de la propia conducta humana y del hilo conductor que la une, a lo largo de ese camino en el cual, además de aprender a caminar de pié, aprendimos, o estámos aprendiendo el arte de vivir…
Como cierre de esta sección transcribo unas notas de A. Thirleby, de “El tantra del amor”: “Las ideas fundamentales del tantra pueden encontrarse en una historia hindú inventada, que se ha transmitido mediante los escritos tántricos. En esa historia se cuenta que: …antes del universo, antes de todos los tiempos, sólo existía un único punto de energía creadora. Esa fuerza era femenina, y de ella salió el universo entero. La diosa del tiempo estaba en el centro del universo que ella había creado. Su fuerza creadora se había repuesto, decidió seguir creando, pues sólo en ello encontraba placer. Así creó la tierra, el suelo firme y los mares, las plantas y los animales. Dio su ser a todas las cosas y las ordenó en una relación equilibrada, de suerte que se reprodujeran y propagaran.
Una vez que hubo consumado la creación se alegró sobremanera, pero sus energías no se habían agotado del todo.
Así que se imaginó la forma femenina del hombre y la adoptó ella misma. Y se llamó a sí misma KALI, y se dividió en dos, de donde surgió MAHAKALA, la forma masculina. Y enseñó a Mahakala los goces tántricos y la renovación de sus propias fuerzas creadoras.
Estas dos divinidades del tantra juntas engendraron al primer hombre y le transmitieron los rituales tántricos, para que pudieran participar de la felicidad de la alegría perfecta y de ilimitado poder sobre el universo”.
……
El Tao es el origen de todos los seres. Todo se muere, irremediablemente si lo pierde, y vive si lo posee”.
No sé de quien es hijo, parece ser anterior al Ti (Dios)”.
Antes de que existiesen el Cielo y la Tierra existía él sólidamente en los tiempos antiguos. Hace espíritus (da poder espirituales) a los manes de los difuntos y al Ti (soberano)”.
El Tao nace del Uno, el Uno nace del Dos, del Dos nace el Tres, del Tres nacen los diez mil seres. Los diez mil seres llevan en la espalda el Yin (la oscuridad) y en brazos al Yang (la luz). Así, el vapor (la materia) del vacío queda armonizada”. (c. 42) Lao-tse.
Según la cosmología china primitiva, se basaban antes en los cinco elementos Wuhsing: agua, fuego, vegetal, mineral, y tierra; según sus proporciones en los cuerpos producían el equilibrio o desequilibrio en cada ser en el mundo entero.
Cada pueblo de la antigüedad tiene sus mitos característicos, íntimamente relacionados con su religión ancestral y con su alma poética. Y así, existen una mitología china, y otra hindú, y otra egipcia, y otra griega, y otra escandinava, y otra ibérica. Pero existen y coexisten; porque es curioso observar cómo, a pesar de la distantancia que en el tiempo y el espacio separa a los que llamamos pueblos arcaicos, y de su diversidad en mitologías, al comparar éstas se hallan las mismas ideas cosmogónicas, representadas por divinidades análogas, así como idénticos conceptos teogónicos, relativos al origen, carácter y función de los dioses; el Osiris egipcio, el Júpiter griego, el Ormuz persa, el Brama hindú, el Odín escandinavo, el Wotan teutónico, resumen un mismo concepto religioso y filosófico; son una misma concepción…, tamizada por distintas culturas, productos de distintos temperamentos. Y si la mitología griega nos parece hoy la más completa, la más bella, la más próxima a nuestro carácter, es porque fue la creación armoniosa de una imaginación poética y plástica”. –Federico Carlos Sainz de Robles-
Pasó mucho tiempo desde esos 3.000.000 de años…, aprendimos, pero también nos olvidamos, aprendimos a conectarnos entre nosotros, y con nosotros mismos, aprendimos a comprender el medio en el que vivimos, pero también nos olvidamos, nos olvidamos de lo esencial, y le pusimos valores a muchas cosas que no deberían tenerlo… ¿quién le da valor a un diamante en millones de dólares en un mundo cada vez más sumergido en el hambre y la miseria?, es más, ¿quién puede comprar con valores monetarios: la felicidad, un sueño tranquilo, la verdadera amistad, el amor, la vida…?
Muchos me responden que el dinero no es todo pero que calma los nervios y ayuda un poco más a ser feliz; estoy seguro que es sólo porque todavía no se pudieron conectar con su paz interior…
 
El hombre moderno no comprende hasta que punto de su “racionalismo” (que destruyó su capacidad para responder a las ideas y símbolos numéricos) le ha puesto a merced del “inframundo” psíquico. Se ha liberado de la “superstición” ( o así lo cree), pero, mientras tanto, perdió sus valores espirituales hasta un grado positivamente peligroso. Se desintegró su tradición espiritual y moral, y ahora está pagando el precio de esa rotura en desorientación y disociación extendidas por todo el mundo.
Los antropólogos han descripto muchas veces lo que ocurre a una sociedad primitiva cuando los valores espirituales están expuestos al choque de la civilización moderna. Su gente pierde el sentido de la vida, su organización social se desintegra y la propia gente decae moralmente. Nosotros estamos ahora en la misma situación. Pero nunca comprendimos realmente lo que perdimos, porque, por desgracia, nuestros dirigentes espirituales estaban más interesados en proteger sus instituciones que en entender en misterio que presentan los símbolos. En mi opinión, la fe no excluye el pensamiento ( que es el arma más poderosa del hombre), pero, desgraciadamente, muchos creyentes parecen temer tanto a la ciencia (y, de paso, a la psicología) que miran con ojos ciegos las fuerzas psíquicas lumínicas que por siempre dominan el destino del hombre. Hemos desposeído a todas las cosas de su misterio y luminosidad; ya nada es sagrado”. –Carl G. Jung-


El hombre al alejarse de la naturaleza y la esencia de la misma, para sumergirse en lo económico, que perdiendo poco a poco su conección con lo cosmico y divino, provocando el olvido sobre los principios esenciales de su propia existencia. Ninguna religión es mala mientras contemple al hombre y su bienestar como maximos exponentes, y mientras respete la libertad de todos; claro está que no debemos olvidar que la esencia misma de ese hombre y de su predisposición para el bien y el mal: su objetivo principal será la vida; su destino final la muerte; su mecanismo de supervivencia, el aprendizaje; su perpetuidad, el poder trasmitir conocimientos a las generaciones futuras; su misión, prolongar la especie…
Después de este recorrido podemos analizar que: el hombre desde los inicios del tiempo en su desarrollo como ser racional y humano fue tomando contacto con el medio –tierra- que lo rodeaba y empezó a utilizarlo para su bienestar, es un principio básico el que tengamos que alimentarnos para vivir, sin el alimento, y sin los alimentos adecuados, la vida humana y el buen desarrollo de nuestro organismo sería imposible de sobrellevar. Todos conocemos la pirámide de la alimentación y la importancia que tiene un buen balance dentro de ella para mantener un cuerpo sano y saludable, pero he aquí que el hombre no solo vive para comer, aunque a veces resulté así. El hecho de haber permanecido tantos millones de años en éste planeta se debe, además del grado de adaptación al medio, por que nos reproducirnos, y eso implica un desarrollo sexual que después o conjuntamente con el alimento juega un importante papel en el hombre y al decir hombre me estoy refiriendo tanto al individuo macho como a la hembra.
Desde que el hombre primitivo toma contacto con la naturaleza advierte los cambios operados en ella por los ciclos estacionales, la luna, el sol, los factores climáticos y el cosmos, se genera toda una serie de hipótesis en las que advierte la presencia de un ser superior encargado de operar todos esos cambios, en un principio andrógeno (con ambos sexos) y luego femenino, entrando en una etapa de adoración a las que hoy denominamos diosas Madres, entre ellas Afrodita, éstas diosas tenían el poder oculto del cambio y resurgimiento de la vida, no es por nada que la denominación de vagina para los hindúes sea “yoni” que traducido sería algo así como “cueva oscura y sagrada” y para el pene “ligam”, algo así como “vara de luz”. 
Estas diosas madres estuvieron presentes, según la arqueología, desde 30.000 años a. C. a la actualidad, aunque con el arribo del patriarcado, que llegaba de la mano del desarrollo de la agricultura y la ganadería se fueron ocultando o tapando para pasar a ser el hombre y los dioses masculinos los rectores de la humanidad. El poder de la mujer fue desbaratado y reprimido, recién en el siglo XX con la revolución sexual y la liberación de la mujer comienza un nuevo desarrollo y revelación de las mismas, integrándolas nuevamente a la vida social, familiar y sexual de la pareja.
Como es de advertir y dado el contacto y experiencia que el hombre primitivo entabla con la naturaleza es importante observar que la primavera adquiere un relevante papel, ya que con ella llega el resurgir de toda esa vida que se renueva, fuente de alimentos y energías que además de otorgarle salud y bienestar le infiere fuerzas para reproducirse y procrear. Fue por ello que durante siglos el festejo de la primavera estuvo dedicado a esas diosas Madres. Conjuntamente con la adoración a la naturaleza se entabla una relación con los alimentos que generan las fuerzas para concebir y conjuntamente aumentan el apetito sexual, es muy probable que esos descubrimientos se fueron haciendo de forma accidental o por prueba de error, aunque no descarto que en su etapa más primitiva el hombre haya tendido un mayor contacto con su microcosmo interior y haya podido reconocer las sustancias incluidas en otros microcosmos, con ello quiero decir que podía saber que es lo que le hacía bien y que es lo que le hacía mal e incluso poder comprender cuales eran las necesidades de su cuerpo y como podía adquirir lo que le hacía falta. ¿Nunca sentiste la necesidad de comer algo sin saber el porque?, bueno, esos son mensajes interiores de nuestro microcosmos, (integrado por células y tejidos que forman algo así como un sistema solar) aunque no hay que confundirlos con los deseos generados por la ansiedad y los demandados por nuestra sociedad de cultura consumista impuestos por los medios masivos de comunicación.
Con la Afrodita griega y la asociación de la Venus romana a ésta, es que incorporamos en nuestra cultura occidental el concepto de los afrodisíacos, ya que estaban destinados a aumentar el poder sexual, método indicado para la adoración de esas divinidades, diosas del amor, la fertilidad y la fecundidad. A diferencia de la cultura oriental que incorpora el sexo desde otros parámetros y hace culto de este como medio para poder conectarse con la divinidad Shiva y Shatki o Siva y Parvati (Kali), dioses estos en que se trasmutan la pareja al hacer el acto sexual y mediante el cual obtienen la fuerza generada por ese acto para alcanzar una mayor plenitud en sus vidas. De allí surge el tántra, supuestamente hace unos 20.000 años atrás. El Tantra se basaba antiguamente en una forma de percibir la vida como resultado de un acto de amor hacia el universo y todas las criaturas vivientes, y está asociado con la fertilidad, su forma de conectarse con lo sexual no es como la que tenemos presente, producto de la influencia de las tradiciones judeocristianas que nos plantean al sexo como algo solo ligado a la procreación y fuera de ello como un acto maligno y hasta peligroso, convirtiéndolo en un tabú y hasta no deseado o vivido con culpa.
Con la incorporación del cristianismo al Imperio romano se declara a Venus / Afrodita como enemiga número uno del estado y se la destierra, declarándose también todo lo relacionado con ella como maléfico, diabólico y altamente peligroso, es de allí que surge para nuestra cultura occidental el tabú de los afrodisíacos y la culpabilidad sentida por el sexo, obligándonos a percibirlo como algo pecaminoso y alejado de Dios, pero si fuese así Dios no habría dejado que el hombre poseyese el sentido del placer, aunque también se nos ha enseñado que Dios nos dio el bien y el mal para poder distinguirlos, pero si dentro del mal encontramos la forma de reproducirnos como seres vivientes y aun dentro de ello hallamos el placer, tan malo no ha de ser…
Para felicidad de muchos y para pesar de otros en los inicios del siglo XX el hombre vuelve a tomar contacto con la naturaleza de su cuerpo, comienza nuevamente a tomar baños de sol, la mujer se libera del corset que aprisiona su cuerpo, se produce toda una revolución industrial que le permite integrarse al trabajo a la par del hombre y consecuentemente con ello el poder ingresar a las fuentes de estudio que le estaban vedadas; ya para mediados de siglo y como consecuencia de la revolución sexual es otra vez participe de su libertad, aunque no todavía consiente y a veces mal interpretada. La mujer toma conciencia y asume su participación en la toma de decisiones en su vida sexual, espiritual, laboral y de pareja, renace con ello los olvidados afrodisíacos y hoy nos encontramos aquí queriendo entender de que se trata todo esto que siempre tuvimos pero que permanecía dormido dentro de nuestro subconsciente.
Habiendo tomado contacto con la etimología de la palabra “Afrodita” y ya sabiendo que hace referencia a lo femenino, al amor, la fecundidad, la fertilidad y el principio femenino del cosmos veamos un poco que ocurre en la mente del ser humano.
Ver más en:
Frutos prohibidos y ofrendas de Venus
Cuaderno de apuntes…
-Florilegio del amor, de la voluptuosidad, del erotismo y de la lujuria, Cuentos, relatos, poemas, investigaciones, recetas y apuntes de cocina…-

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